Las ideas de Carla Cordua sobre Hannah Arendt
En su libro "Transigencias" Carla Cordua explica las ideas de unas de las filósofas más influyentes del siglo XX
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Hannah Arendt nace en Alemania a comienzos del siglo XX como miembro de una familia judía: estos dos datos, el lugar de su nacimiento y la fecha del mismo, nos parecen hoy de inmediato anuncios inequívocos de un destino terrible. El siglo será el de las grandes guerras mundiales, el de la producción industrial de armas atómicas y de otros medios siniestros de destrucción, el siglo del terror político generalizado por el totalitarismo que se vale de campos de concentración especializados en la tortura y la destrucción de sus prisioneros. El curso de la política en Alemania incluye la organización de una campaña que se propone lograr la aniquilación cabal de los judíos y los gitanos, declarados razas inferiores cuya existencia es preciso borrar del mundo. En el año 1906 nace la niña a la que la suerte le reserva estas circunstancias inauditas. Más tarde, a medida que ella llega a comprender la dureza de su destino, se declara una paria o persona excluida de las ventajas de que gozan otros y aun del trato normal con ellos debido a la presunta inferioridad de su origen. Hannah Arendt usa precisamente la palabra portuguesa pária para caracterizarse, ese término que en la India designa a los miembros de un grupo social ínfimo situado fuera del sistema de las castas. Pero, aunque con plena conciencia de sus desventajas, Hannah no se queda contemplando los horrores que amenazan su existencia, sino que, con una energía de grandes alcances y una poderosa inteligencia, se hace cargo de su destino y consigue invertir su vida en una obra memorable que es un regalo inspirador para quien la estudia.
Viniendo de donde vino y estableciéndose en el mundo a principios del siglo pasado, no tiene nada de raro que una persona bien dotada intelectualmente se interesara en primer lugar por el carácter de los tiempos entonces reinantes. El presente, que por una parte es el resultado del pretérito, por la otra ofrece a los seres humanos la oportunidad de la acción libre. Y los humanos somos, en lo primero y principal, seres activos y libres dentro de las circunstancias vitales y sociales de cada uno. La necesidad de explorar el significado de tales supuestos induce a la joven Hannah a dirigirse a la filosofía. El estudio de la disciplina con maestros famosos, cuyas obras eran admiradas alrededor del mundo, la induce, desde un principio, a plantearse preguntas acerca de las posibilidades disponibles en la época en que le toca vivir.
Discípula de Heidegger, de Husserl y de Jaspers en los años inmediatamente anteriores a que Hitler se impusiera en la política alemana, Hannah adquiere una formación intelectual intensa y abierta a los grandes asuntos de la humanidad moderna. Su juicio sobre la modernidad no será, finalmente, ni amable ni confiado, sino más bien duro y aterrador. La edad actual se caracteriza por la sociedad de masas, que es, piensa ella, uno de los antecedentes del Estado totalitario.
Antes de detenernos en su versión de estos dos conceptos, “sociedad de masas” y “Estado totalitario”, vamos a esbozar lo que le ocurre a la persona de Hannah durante su primer año de estudios universitarios, pues su biografía también importa mucho para entender su manera de pensar. La relación de la estudiante con Martin Heidegger se inicia en 1924 en la Universidad de Marburgo. Ella va a esta universidad interesada en Heidegger, en la filosofía y en los pensadores de la Grecia antigua. Heidegger ya gozaba de un gran prestigio como pensador y jóvenes de toda Alemania acudían a escucharlo. Ella tenía 18 años y era hermosa. El profesor, de 35 años, casado y famoso, inicia el romance enviándole una nota a la discípula apenas dos meses después de que ella aparece en sus clases. La invita a su oficina. Tres semanas después, según consta en su correspondencia, ya han establecido relaciones íntimas. Es una pasión intensa y corta que consiste de encuentros secretos estrictamente planeados por él, que le escribe versos y promete amarla para siempre. Sin embargo, las circunstancias los separan pronto; ella deja Marburgo después de un año, pero los encuentros ocasionales con el profesor siguen durante dos años más. Arendt le guardará de por vida a su seductor no sólo un gran respeto intelectual, sino, además, una muy ambigua estimación que raya, frecuentemente, en el desprecio.
Sus dos grandes profesores en el período siguiente fueron Edmund Husserl y Karl Jaspers. Este último y su esposa fueron grandes amigos de toda la vida de Hannah: Jaspers ejercía a la sazón de psiquiatra y llegó a ser, además de su profesor, el consejero paternal con el que ella planeó y realizó su tesis doctoral. El tema elegido —“El concepto de amor de san Agustín”— resultó no sólo en un título doctoral, sino en la posterior publicación del estudio el año 1929 por una editorial berlinesa. Curiosamente, el acento principal del texto no recae ni sobre la cupiditas ni sobre la caritas cristianas del santo, sino sobre el amor al vecino, un asunto que ya entonces preocupa a la futura socióloga política.
La obra temprana de Arendt enfoca los asuntos estudiados en cómo son para la experiencia personal, adoptando la perspectiva del individuo singular. Se trata del punto de vista existencial de
Heidegger. Para él, lo auténtico accesible a cada cual es la ocupación consigo mismo y con su propia muerte; la posibilidad de interesarse en la vida compartida con otros, pensaba el filósofo, conducirá a una degradación que el existente puede evitar. Así se establece la primacía del punto de vista personal de la joven Arendt, quien persiste en él a pesar de su relación estrecha con Jaspers, quien representa una convicción teórica contrastante. La cercanía de Hannah con Jaspers la pone en contacto con la idea de que pensar significa dialogar con otros en el sentido socrático del término. Los demás también piensan, se comunican y es unos con los otros que sostienen un mundo compartido. El carácter dialógico de la normalidad política se convertirá en una verdad fundamental para Arendt. Aunque el efecto del planteamiento heideggeriano, centrado en la existencia singular, se mantiene por varias décadas en la manera de pensar de ella, su experiencia política en Alemania despierta su interés por lo público colectivo. En ensayos publicados a partir de 1960, por ejemplo en “Libertad y política”, “Sociedad y cultura” y “Revolución y felicidad pública”, se impone el desplazamiento de la autora hacia los grupos que comparten un mismo territorio, esto es colectivos europeos integrados por una diversidad de grupos: élite, nobleza, campesinos, burguesía, judíos, cada cual con su carácter y maneras distintas de vivir. El término “sociedad” desempeña dos funciones: designa tanto al grupo dominante de cierta unidad política como también al conjunto de todos los círculos de la misma nación-Estado. Este doble sentido, honorífico en un caso e inclusivo del conjunto diverso, en el otro, retiene la atención de la ensayista. La posición social de los judíos, tanto en la alta sociedad escalonada en clases como en el conjunto político, es materia de constante interés y examen crítico por Arendt. Sus escritos biográficos sobre personalidades judías que sobresalen, sus estudios de familias judías como la de los Rothschild coexisten en sus planteamientos con te
mas como la revolución, la violencia, el antisemitismo, la policía secreta, la democracia, los parlamentos, el imperialismo europeo, el nazismo y el comunismo, etcétera. Hannah se ha convertido en la más notable y original pensadora política del siglo XX.
Una de sus obras, reconocida como magistral por cuantos la han estudiado, es la que la autora dedica a la génesis del totalitarismo. Fue publicada en 1950 con el nombre de Los orígenes del totalitarismo. Se trata de un clásico de la literatura política, una obra profunda, bien pensada, original e intelectualmente atrevida. Regímenes totalitarios son para Arendt, en la primera mitad del siglo pasado, el ruso soviético de Stalin y el nacionalsocialista de Hitler. Los junta y los trata emparejándolos; son el par de fenómenos políticos nuevos, cuya comprensión constituye una tarea urgente para la actualidad. A propósito de ellos, descubre que los medios explicativos de la historiografía y sus conceptos narrativos son inaplicables al caso presente. El régimen político del nazismo, que la expulsa de su patria, es para Arendt, junto con el comunismo soviético, la realización política de la nueva sociedad de masas, representante del antisemitismo radical, fundadora de movimientos imperialistas internacionales, practicante ilegítima de un poder político que gobierna mediante la violencia y el terror, responsable de la ruptura inhumana de la larga historia de la civilización europea. Para entender un poco mejor el alcance de este ataque crítico examinamos en seguida algunos de los conceptos forjados por la politóloga en esta poderosa obra dedicada al totalitarismo.